Balvano y el terremoto emocional

Para el mundo occidental, los acontecimientos históricos están divididos según sucedieron AC o DC. Y no quiere decir que sean alternos o continuos (defecto profesional), en un momento los hechos se dividieron según si fueron antes o después de Cristo. Es decir, la existencia de Cristo logró dividir la historia generando el año cero, a partir del cual se puede ubicar en una línea temporal todo lo que sea que suceda.

En Balvano, el pueblo del sur de Italia del que viene mi familia, el hecho que marcó la historia es un fuerte terremoto que resultó una catástrofe. Cuando hablas con algún balvanés y le preguntas sobre un momento de su vida, la referencia siempre es el terremoto, por ejemplo… “Si yo durante el terremoto tenía nueve años, y el terremoto fue en 1980 entonces…” y todo así. De hecho en el pueblo hay un reloj que se paralizó durante el terremoto y aún sigue allí, en pausa, nadie se ha atrevido a arreglarlo.

Balvano y el terremoto

Balvano es un pueblo precioso, entre las montañas, con calles estrechas, casitas con balcones y niños jugando en las calles, tiene el encanto de un pueblo chiquito dónde no se sale sin saludar a todos. Muchos de los balvaneses trabajan en campaña, trabajan la tierra. Una particularidad del pueblo es que hay muchos ancianos, hay algo en el aire que hace que las personas vivan largo tiempo. Y otra son las manos. La mayoría de las personas tienen manos grandes, de esas manos que cuentan historias por sí solas. Manos obreras. Manos que tuvieron que trabajar duro para sobrevivir en la época en que Italia no era el mejor lugar del mundo para vivir.

Las manos de mi tía abuela Angela

Previo al terremoto, el pueblo sufrió una gran pérdida de personas que decidieron dejar Italia, producto del miedo a la guerra, del hambre, de las pocas oportunidades. Entre esas personas estaban mis abuelos. O mejor dicho, mis nonnos. Desde chiquita, a través de las historias contadas por ellos, conozco lo que fue llegar a “La América”. Visitar Balvano me encontró con la posibilidad de conocer la historia de las personas que decidieron quedarse. “Mirá, una americana!”, “Ella viene de la Amércia, del Uruguay” así me presentaban mis primas en la calle a la gente del barrio, y yo no podía evitar mirarles las caras, la reacción, la nostalgia, el enojo, el agradecimiento. Pero nunca la indiferencia. Es que Uruguay no es indiferente allí. Todos conocen a alguien que se fue a Uruguay, aunque sea un conocido del vecino. Estar ahí, espeja para los más ancianos, esos tiempos de desapego.

Cartas que cruzaban el océano. Que hoy están guardadas en los bahules de la familia que se quedó, y que iban construyendo a través de ellas la vida de quienes fueron a hacer “La América”

Conocer a mi familia fue una de las cosas más lindas que viví desde el comienzo del viaje. Reconocerme en personas desconocidas, y que solo por el hecho de ser familia me abrieron las puertas de su casa y de su corazón, con una generosidad, con una entrega, con una dulzura, que no me esperaba. Hay algo que nos une, algo que va más allá del apellido y más allá de las experiencias juntos que no compartimos. Hablamos distintos idiomas, pero eso no fue barrera, nos entendíamos a la perfección, aún sin la nonna de traductora que ya al final tenía una mezcla entre el italiano y el español de novela.

Festejando múltiples cumpleaños

Al final, mi viaje a Italia resultó un terremoto, tal cual el del pueblo. Los terremotos destruyen los cimientos, sacuden, traicionan. Y sonará a frase hecha, pero confío plenamente en que hay que destruir todo lo que creemos que somos. Desidentificarse. Al final quién te crees que sos? Bueno, lamento decirte Florencia que todo eso que te crees que sos es mentira. Y hasta que no asumas el terremoto, hasta que no le des la bienvenida a la destrucción de ese personaje,  no va a nacer lo que tiene que nacer. Así que bienvenido el terremoto. Bienvenida la oportunidad de deconstruir. Y que todos los días sean posibilidades de morir y nacer y morir y nacer. Al fin y al cabo de eso se trata. Basta de tratar de entendernos, de encasillarnos y de pretendernos. Una vez me dijeron que para que algo pueda nacer, hay una semilla que tiene que romperse, hay un estado que tiene que morir. La semilla deja de ser semilla, desidentificarse. La oruga tiene que dejar de ser oruga para dar lugar a la mariposa, la transformación, la transmutación es un proceso que empieza (o termina) con algo que se rompe. Algo que se rompe. Se rompe. Romper. Rompido. Rompete. Algo que deja de ser. Que se desapega de la forma para dar lugar a otra posibilidad. A algo nuevo que siempre estuvo ahí. Algo que tiene el permiso de mostrarse solo cuando el personaje que se cree protagonista se corre. Aguante el terremoto interno que destrona al protagonista!! Lo que viene después… un misterio. El misterio que también soy, que también somos.

El terremoto sin lugar a dudas es una tragedia. Porque algo que estaba ya no está más. En Balvano murieron muchas personas. Pero ese golpe inesperado e incontrolable, despierta, conecta, activa. Los vecinos tuvieron que agruparse, ayudarse unos a otros, buscar la forma de salir adelante, construir de nuevo. Abandonar sus viejos hogares por el peligro, buscar nuevas formas de vivir. Esa necesidad tan verdadera, encontró al pueblo con su esencia. Encontró a cada ser humano con su corazón latiendo en este momento presente. Y esa urgencia por sobrevivir los salvó. El alma creativa y generosa que se puso al servicio del renacer de un pueblo derrumbado entre escombros.

Y ahí estamos nosotros, con miedo al terremoto, sin entender que muchas veces al darle lugar al terremoto, se derrumban los personajes, y ya no queda otra que conectarnos con el deber de vivir sin límites.

Desde que soy chica que llegan a mis manos medias de lana que venían de Italia. Por fin conocí a las manos culpables de esas medias. Las manos de mi tía abuela no me las olvido más. Con un pequeño temblor, gruesas, con arrugas y una precisión envidiable. Esas manos que salvaron a una familia, esas manos de trabajo duro, esas manos de una vida intensa y larga. También vi el muro de mi tía abuela, el muro que construye una persona que sufrió mucho. El muro que construyó después de perder a sus papás jovencita, de sufrir años tener a su marido en guerra sin saber nada, perder a su hija chiquita, a sus hermanos. Todo eso hace que su corazón se endurezca un poco. Y que cada sonrisa expulsada de esa cara surcada y de esa boca sin dientes inspire. Y aunque la mayoría del tiempo llora, cuando ríe, cuando baja la guardia y el control y aparece una risa, ésta resulta tan honesta, que contagia a todo el que esté cerca.

La tía abuela Angela. La hermana mayor del nonno.

Las calles de Balvano, el aire en la campaña, el trabajo, las manos gruesas, la generosidad, la familia unida. Sentí el olor de mi niñez, las mesas largas de domingo en Montevideo con mi familia italiana, el olor a la pasta casera, a la salsa, la religiosidad de la pizza en el horno, y ese don que tienen para prepararla la nonna y también papá. Nunca había estado en Italia, pero por alguna razón sentí que fue un “volver a casa”. La familia gritando, o hablando, o discutiendo, nunca se sabe, a pura pasión, a pura emoción.

Estando lejos de casa, me sentí en casa. Y eso también es un arma del universo, existen niditos en todo el planeta donde somos bienvenidos. Reencontrarse con la sensación de familia, de hogar, de sentirse parte de algo más grande, algo inmenso, tan inmenso que ni siquiera es necesario crecer juntos para reconocerse y amarse.

 

11 Replies to “Balvano y el terremoto emocional”

  1. Que lindo hermana, la próxima volvemos juntas!!
    Y pienso como vos, el terremoto por mas catástrofe que deje, nos da la oportunidad de comenzar de nuevo y reencontrarnos.

  2. Me hiciste emocionarme, vibrar con cada cuento, y llorar al ver que igual a vos es la sonrisa gigante y sincera de la titta! Te adoro amiga! Y viajo con vos ♥️

  3. Me hiciste emocionarme, vibrar con cada cuento, y llorar al ver que igual a vos es la sonrisa gigante y sincera de la titta! Te adoro amiga! Y viajo con vos ♥️

    1. Impresionante , me hiciste revivir un acontecimiento que marco la vida de mi familia , un antes y un despues del terremoto . Me acuerd que ibamos con el Nono a la embajada a ver las listas de personas fallecidas. No había las comnicaciones de hoy.
      Balvano un pueblo que se impregno dr mí dede chico , escuchando cuentos de toda mi familia.
      Cuando viaje a Italia y decendi e Napoles senti algo especial como si hubiea vuelto a mis origenes.
      La familia que conocia por relatos se impregno en mi corazón como si hubiera nacido con ellos . Me dieron todo su amor cariño y más..
      En fin cada rinconcito de Balvano me lleno , y me hizo sentir un hijo mas de aquel publito, a los pies de el Castillo.
      Gracias hija por revolver las vivencias de mi niñez y revivir los cuentos del Nona el Tio Vito y de mi abuela Maria
      Gracias muy lindo.

  4. Flore! Hermana, que hermoso es leerte y reconocerte en tus relatos! Estoy tan orgullosa de como sos y de todo lo que estas descubriendo por el mundo! Admirable capacidad de poner en palabras lo que sentís, observas y vivís! Un viaje de descubrimiento sin limites….sin dudas!
    Dicen que es importante saber de donde venimos para saber hacia donde vamos… Dicen que cuando se transmite el amor a flor de piel y de forma auténtica, el corazón se agranda… Dicen que cuando eso pasa la capacidad de amar no tiene límites…
    Dicen muchas cosas… que hoy vos estas demostrando!
    Segui viajando y seguí compartiendo tus historias que nos hacen reflexionar, pensar y viajar contigo! Te quiero y espero verte pronto… Extrañación total =-)!

  5. Hermoso todo Flop, me encanta que hayas ido y conocido a tu flia alla! Es divino que a pesar de la distancia y no conocerse hay lazos que los unen y te hacen sentir en casa. Hermosa experiencia!

  6. Cuando deje de llorar, te vuelvo a escribir para compartirte un escrito de cuando mi madre se reencontró con la familia dejada en Líbano. Me conmueven de sobremanera estas historias de migraciones y lazos más allá del tiempo, la distancia y la incomunicación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *