Cumpleaños: cachetada, manzana y beso

Estuve las semanas antes tratando de decidir donde pasar mi cumpleaños, hasta que en un momento solté. Que sea lo que sea.

Conocí en Kuala Lumpur a una chica de Malasia que nunca había visitado Borneo, y decidió sumarse a mí por un tiempo. Nos encontramos en Sabah, y coincidió que mi cumpleaños aconteció en el Monte Kinabalu. La Montaña Kinabalu es la más alta del sudeste asiático, el lugar tiene una magia y un poder especial. Decidimos quedarnos en un hostel muy rústico en el medio de la montaña. No había prácticamente nada kilómetros a la redonda. Solo el parque, la montaña, las nubes, el sol, la lluvia. La altura de la montaña hizo que por primera vez sintiera frío en Malasia.

Me desperté a las 6 de la mañana para ir a ver el sunrise, la montaña me mostró su cumbre. Los días anteriores había estado cubierta por nubes. Lo tomé como el segundo saludo de cumpleaños.

El primer saludo me lo regaló una chica de Malasia en la ruta el día anterior. Volvía a su villa en Kundasang luego de hacer las compras en el pueblito más cercano (Ranau). Con unos ojos preciosos. Hago alusión a los ojos porque usaba burka, solo se le veían los ojos y se escuchaba su sonrisa.

—¿Cuántos años tenes?—me preguntó

—27 hasta mañana que es mi cumpleaños!— le dije.

Miró el reloj y me dijo:

—En mi cultura después de las 6 de la tarde ya es el otro día!! Felíz cumpleaños!!— Y abrió su bolsa, sacó un par de medias que acababa de comprar y me las regaló.

Selfie después del momento del regalo de las medias

Fue una cosa simple, pero de esas que te dejan con el corazón latiendo fuerte. Existe la conexión amorosa y honesta entre dos personas que no se conocen. Ese fue mi primer regalo!!

Una hoja de árbol mojada con el rocío de la mañana rozo mi mejilla cuando estaba caminando a la vuelta del atardecer. Me sorprendí y me quedé un rato gozando de esa caricia que la naturaleza me estaba regalando. Simple, pero más que suficiente.

Sunrise de cumpleaños

El resto del día sucedió en la jungla. Bajo la lluvia. Caminando. El agua hace que la naturaleza luzca más viva, más intensa.

Caminando con Máximo por la jungla

Hasta ahí todo suena colorido. Pero en un momento empecé a conectar con una sensación de ahogo. Algo en el pecho que no me dejaba respirar profundo. Una angustia.

Viajar solo conmigo me hace entrenar todos los días la capacidad de tomar decisiones. Conectarme conmigo, dilucidar lo que necesito y moverme a favor. Estoy creciendo en eso de escucharme aunque reconozco que algunas veces me entrevero más que otras. Sigue estando el ego que mete miedos por bobadas como la plata, el idioma, entre otros mil. En fin, tomar decisiones cuando estoy sola es algo en lo que estoy creciendo bastante, pero estos días tuve la oportunidad de ponerme a prueba en compañía. ¿Cómo es tomar decisiones cuando estoy con otro?

Paaa!! Mi compañera de viaje me decía que ella estaba siguiendo a su corazón. Que esa era su forma de viajar. Me di cuenta de que ella seguía a su corazón y que yo la seguía a ella. Dejándome re de lado. No voy a entrar en ningún tipo de detalles porque no vienen al caso. Solo que gracias a ella aprendí que no darme bola solo por complacer al otro duele. Ahoga. Asfixia. Duele de verdad. En esos días yo perdí mi centro. Ni siquiera tomaba la decisión sobre lo que quería comer.

Me dí cuenta del origen de mi asfixia. Salí a escribir sola. Volví más plena, más clara. Pude ver todos los regalos que había tenido. Me sentí agradecida y me pareció un buen momento para abrir una de las cartas de mis amigas. “El equipo de la novia” (así se llama nuestro grupo de whatsapp) me escribió cartas en mi despedida para que leyera cuando sintiera determinadas cosas, y así aunque estuviésemos lejos, el equipo saldría al rescate! El día de mi cumpleaños las extrañe así que esa mañana leí una de sus cartas “Para cuando te sientas agradecida”. Leí esa carta, y releí otra que Marce me dio para leer en el avión. Las leí y lloré. Lloré pila. Y sentí alivio, sentí contención. Y se estaba produciendo un milagro… Estaba llorando! (Los que me conocen saben que yo no lloro casi nunca).

Por un rato el alivio se sintió y lo disfrute. Nos movimos de ciudad y volvió el ahogo. Volví a no tomar decisiones. Volví a decirle que sí a ella y decirme que no a mi. Y lloré de nuevo. Decidí que lo mejor era contarle lo que me estaba pasando, lo que estaba sintiendo, sin hacerla responsable ni culpable, solo compartirle mi emoción del momento. No sé si fue por mi escaso inglés o que ella no estaba abierta para esa conversación, pero no resultó. Me enojé. Grité. Lloré más. Y ahí en medio de toda esa crisis… claridad!!

Me vi dejándome sola, me vi no creyéndome capaz de comunicarme, me vi sintiéndome menos, me vi dejándome arrastrar. Es un lugar cómodo el de dejarse llevar, no tener que tomar decisiones es fácil, pero ahora sé que duele. Ya lo había leído en algún libro, ya me lo habían dicho, ya se lo había dicho yo a alguna amiga, pero no alcanza. Que la cabeza lo sepa no alcanza. Lo tiene que sentir tu piel, tu alma. Tiene que convertirse en experiencia.

Es la primera vez que contacto con el dolor real de no escucharme, y esta emoción se queda en el cuerpo para recordarme, la próxima vez que esté en un lugar parecido, lo que se siente no darse bola. Ahora estoy más atenta. Cuando hablaba con una amiga contándole del tema le pregunté que haría en mi lugar… ella muy sabiamente me respondió que si me decía que haría estaría eligiendo por ella y no por mí. Agradezco a esa amiga atenta que no me dejó caer en la trampa de nuevo.

Mi ego me decía que irme era de cobarde, y mi alma necesitaba correrse, centrarse de nuevo. Me corrí. Volví a salir sola a las calles. Y sentí de nuevo la libertad, me encontré, amé el pueblito donde estaba. Charle con las personas, unas chicas me preguntaron mi edad y se repitió el diálogo anterior solo que esta vez diciendo que mi cumpleaños había sido ayer. Se bajaron de la camioneta en la que estaban con una emoción que no les puedo explicar, me dieron las dos un gran abrazo. Compre unos dulces para compartir con la gente que estaba esperando el ómnibus. “No english” me decían, pero me regalaron las miradas y las sonrisas más lindas del mundo.

Y antes de salir de ese pueblito un niño vino corriendo y me dio una manzana.

(En Malasia regalar fruta es un gesto de amor, agradecimiento y respeto)

Cuando llegué a la nueva ciudad me esperaba un atardecer precioso, y un chico al que le conté todo lo que me había pasado en los últimos días y me dijo: “¡Hoy todo lo que hagamos lo decidís vos!”.

Y mientras tanto en Montevideo….

Parte del equipo de la novia haciendo el aguante cumpleañero!!

El equipo de la novia se juntó para darme la sorpresa de llamarme el día de mi cumpleaños!! Y aunque me agarró sin wifi me dejaron un videito hermoso. Otras amigas se juntaron a tomar una cerveza fría para brindar por mi cumple como lo hubiésemos hecho si yo estaba allá. Multiples mensajes amorosos y de aliento recibí. Y nuevamente me sentí agradecida, empoderada y abrazada. ¡¡¡Gracias a todos por estar!!! Y que todo el amor que recibí, ¡les vuelva multiplicado!

El sunset que me esperaba en Kota KInabalu al llegar.
PAZ