El Origen


Una vez leí que los instantes transformadores son minúsculos si los medimos en la escala de tiempo. Nunca sabes cuando una situación, una palabra, una canción, un olor, un gesto, van a adentrarse tanto en ti que al instalarse, una parte tuya muere porque ya no volvés a ser la misma nunca más. Ahora se siente una energía extraña que te impulsa a hacer cosas que antes no. Al principio parece que nada tiene sentido, actuás por impulso, tomas decisiones raras que tu cabeza no puede entender, pero algo adentro tuyo sabe qué es lo que necesitas y si dejas fluir, no queda más que ir por ello.

Eso fue lo que me pasó cuando conocí a Ambrosio, un anciano wichí en la provincia del Chaco. El anciano tenía noventa y tantos años, y vivía en el monte, entre tres paredes, un techo de nylon un colchón y una silla. Nada más. Noventa y tantos años. Sus arrugas, su piel curtida, su mirada y el silencio cambiaron mi vida. El encuentro con Ambrosio me cuestionó. Me hizo revisar el verdadero sentido de lo material, qué de todo lo que tenemos es lo que realmente necesitamos y cuánto sobra. Él apareció en mi vida un instante y no hizo nada más que estar ahí, sin palabras ni abrazos ni lágrimas y todo tuvo sentido. Ambrosio es el maestro que me enseñó que el espacio que ofrece una mochila sobra, y viajar en compañía de uno mismo es todo lo que se precisa para descubrir el mundo.

Años pasaron desde ese encuentro en el monte. La vida misma, la rutina, el trabajo, la oficina, la facultad, los horarios, el tiempo. A veces cuando estamos sumergidos en la profundidad de la rutina, el tiempo cobra protagonismo. Siempre tenemos que llegar a algún lugar “a tiempo”, o renunciamos a hacer algo que nos gusta porque “no nos da el tiempo”, como que todo gira en torno al personaje principal del tiempo. Y mientras tanto… la vida! El cuerpo cambia con el tiempo, el pelo de destiñe, los huesos se deforman, la piel se arruga, entre otras cosas que anuncian el infrenable paso del tiempo.

Cuando veo las arrugas de un anciano, veo historia. Es como si la piel se arrugara para formar canaletas y así, no dejar escapar las anécdotas guardadas en el cuerpo del anciano. En el momento en que ésta idea de las arrugas se metió en mi cabeza, decidí que yo quería llenarme de arrugas profundas e intensas. Arrugas que cuenten historias de una persona valiente. Quiero que mis manos tengan muchas arrugas, las arrugas del contacto, las arrugas del servicio, las arrugas de la entrega. Quiero que mi cara tenga arrugas de la risa y de las lágrimas. Que mi cara arrugada exprese la emoción que siente mi alma de estar en este mundo de locos. Quiero que mis pies tengan arrugas de tanto camino recorrido, arrugas de libertad.

Hoy estoy decidiendo cómo me quiero arrugar. Hoy tengo la gracia de elegir la forma de vivir mi experiencia en este mundo. Hoy elijo empezar un viaje a Asia, un viaje hacia el mundo, un viaje hacia mí.