Melaka y el lugar donde nacimos

¿Alguna vez se preguntaron por qué los europeos lograron colonizar a los latinos hasta casi extinguirlos pero no lograron colonizar del todo a los asiáticos? Bueno, yo no me lo había preguntado, ¡hasta ahora!

Melaka (nombre malayo) o Malaca (nombre británico), me hizo cuestionarme acerca de esto. Melaka fue colonia portuguesa, holandesa, británica y japonesa. Imaginen la variedad de arquitectura y cultura que se ve en esa ciudad!! Las casitas son del estilo europeo colonial. Y al mismo tiempo mantiene su gran chinatown, varios templos, mezquitas y por supuesto la iglesia católica. Esa gran mescolanza entre lo europeo y lo asiático.

A pesar de haber sido colonia británica por mucho tiempo, en Melaka se habla malayo, el aspecto físico varía según sean indios-malayos o chinos-malayos, pero no existe el europeo-malayo.

Nosotros, los uruguayos, perdimos nuestro idioma original, nuestro aspecto físico tiene más parecido con el europeo que con el charrúa original. Y no es algo solo de Uruguay, es una característica que se puede ampliar a una gran parte de América.

Llegué a Melaka a las diez de la noche y sin ringgits (la moneda malaya), ese fue mi primer gran error del viaje. Llegar a un lugar completamente desconocido, donde nadie habla inglés, sin dinero, sin internet y en la noche, no fue lo que se dice una gran idea. Pero bueno, aprendí a ser más precavida para la próxima vez. Busqué en mapps.me la dirección del hostel que había reservado la noche anterior y caminé 5 km en la noche de Melaka. Me habían dicho que era una ciudad muy pequeñita, por lo que asumí que llegar de la estación al hostel caminando no sería difícil, pero claro, es chiquita en la escala asiática.

La caminata nocturna de 5 km fue bajo el lema de “Florencia, confiá-confiá-confiá-confiá”. Ya había dejado de lado la pulcritud y el orden de Singapur y me estaba adentrando en lo más real del sudeste asiático. El desorden, el ruido, la mugre, los olores, los animales, el excesivo calor… todo esto ya es perceptible en el cruce de frontera desde Singapur. Llegué al hostel y me estaban esperando. Por supuesto que llegué mucho más tarde de lo que había avisado. Apenas llegué, un chico malayo se ofreció a mostrarme los encantos de la ciudad al otro día, y quedamos de encontrarnos para el desayuno.

Vijous y yo desayunando en Melaka

Vijous es profesor de inglés en una escuela y sueña con ser guía turístico, así que oficié como su conejillo de indias. Pasó el día conmigo, me mostró todos los rincones de la ciudad, y me contó la historia de Melaka, me mostró la playa, y los mejores y más baratos lugares para comer.

A la noche, me contacté con Pei. Una chica de Malasia, pero de la ciudad de Johor Bahru (ciudad limítrofe de Singapur con Malasia). Pei Lyn fue a Melaka por trabajo así que después de resolver sus asuntos pudimos pasar tiempo juntas.

Como ella estudió en Melaka conocía de punta a punta la ciudad. Me llevó a comer comida local a una feria. Charlamos y filosofamos un montón sobre la vida misma, intercambiamos un poco de nuestras culturas. (Por ejemplo, ella quedó petrificada cuando la vi y la saludé con un beso). Al otro día fuimos al mejor lugar de coconut shake de toda la ciudad (Klebang Original Coconut Shake). Los malayos van expresamente ahí para deleitarse con esa bebida típica. Pei me llevó a ver el mejor atardecer que vi en mi vida. Fue a orillas de la mezquita flotante de la ciudad.

Pei y yo esperando el sunset en Melaka

Por la noche fuimos a cenar al lugar donde Pei solía ir cuando estaba en la universidad, y luego volvimos al centro histórico, a charlar y tomar algo a un barcito a orillas del río que atraviesa la ciudad de par en par. De noche Melaka se vuelve aún más encantadora. El río y las luces generan un ambiente bellísimo.

Los rickshaw de colores y con decoraciones bizarras con personajes de Disney y música a todo lo que da, recorren las calles coloniales llamando la atención de los turistas.

 

Rickshaws bizarros

Todavía no descifro donde está la clave de la supervivencia de los malayos a la invasión europea. Intuyo que tiene que ver con un sentido muy conservador de las familias, y el lema que los propios japoneses inculcaron cuando invadieron Melaka… “¡Asia para los asiáticos!”.

Confieso que me dolió un poco darme cuenta, al compararme con los asiáticos, de que nos extinguimos. También encontré una contradicción en mi propio sentir, por un lado celebro que no haya barreras que separen a las personas y que viva la diversidad y la mezcla, y por otro lado, la necesidad de pertenencia a una parte del planeta.

Me llevó unos días descifrar esta paradoja, creo que todavía no lo hice, pero me aproximo a pensar que el origen va más allá de la tierra en la que elegimos nacer. El lugar donde nacemos es una experiencia que elegimos. Nacer donde nacimos nos regala un sin fin de oportunidades, la tierra misma está plagada de memorias ancestrales que se impregnan en nuestro cuerpo, como la experiencia de la colonizacion que invaden las venas de América latina.

Nacer en algunos países hace que viajar sea una obligación, en otros países viajar es un desafío. Hay países en los cuales el desafío es comer todos los días. Lugares del mundo en que el desafío es el trabajo manual y en otros lugares el trabajo intelectual.

A simple vista puede parecer que hay lugares del mundo donde las cosas parecen “más fáciles” y en otras partes donde parecen “más difíciles”, ciertamente el lugar en el que nacimos nos conecta con nuestra verdadera necesidad, con ese propósito que nos trajo a este mundo. Y de verdad siento que eso tiene más que ver con la memoria de la tierra que con el idioma o el aspecto físico. El país en el que nacimos es una pista acerca de nuestro propósito más elevado, pero no es nuestro origen, siento que el origen del ser humano se acopla a un espacio más efímero e intangible, a un lugar común que probablemente esté más cerca de lo que suponemos.

¿Vos, ya sabes por qué naciste donde naciste?