Perhentian island, paraíso y conciencia


Bueno, y lo que todos estábamos esperando. No se puede hablar del sudeste asiático sin imaginar esas playas nivel paraíso que aparecen en todas las postales y fotos de quienes están viajando por estos lados.

Las Perhentian, son islas que se encuentran en la costa este de Malasia. Las Perhentians como todas las islas de ese lado de la costa permanecen cerradas durante la temporada de monzón que va de Noviembre a Febrero. Hablo en plural de ellas porque son dos, la grande y la pequeña.

Cuando llegue a la playa me maravillé, nunca había visto un agua tan transparente y una arena tan blanca. No hubo quien me sacara del agua el primer día. Ni tampoco el segundo, o el tercero. Mis días en Pulau Perhentian se resumen a: arena, sol, libro, mar, escritura, quietud.

La isla tiene dos playas, la “long” y la “coral” como se dice en la jerga. Y es muy famosa por el buceo. Es uno de los lugares más hermosos, famosos, y económicos para bucear. Llegan personas de todo el mundo para hacer el famoso “Open water” o el curso avanzado de buceo. De todos modos, con no mucho orgullo puedo decir que no bucee ni hice snorkel en las Perhentian, solo me invadió el modo marmota que me dejo estacada en la playa las 24 horas. Lo interesante de todo es que temprano en la mañana partían los buceadores y snorkelistas a las profundidades oceánicas y yo me quedaba prácticamente sola gozando del paraíso.

Las noches de Perhentians soy muy tranquilas, hay un bolichito muy rústico en la playa, y se junta gente  a tomar algo, fumar nargui y escuchar música. Debo confesar que ni siquiera me colgó mucho esa onda. Solo iba a la playa chiquita y tranquila a mirar el cielo espectacular.

Es que en la isla no hay casi electricidad. Solo unas pocas luces están prendidas en la noche. Me hizo acordar al nuevo Cabo Polonio shick de enero. Rústico y natural pero con una onda que combina poco con el ambiente.  

Corazón de velas en la playa nocturna

Lo más hermoso que me pasó en Perhentian fue Maya. Maya es una bebé de seis meses que vive en la isla con sus papás. (Bueno, seis meses tenía cuando la conocí, ahora ya debe estar cerca de los 8, sí, me demoré con este post). Ellos tienen un negocio familiar que consiste en una especie de restaurante donde cocinan comida malaya. Cada vez que iba a comer ahí Maya me tiraba los brazos, jugábamos y cantabamos mientras charlaba con su mamá.

La mamá de Maya tiene 22 años, está casada con el papá de Maya de 33. Ambos son musulmanes. No puedo recordar el nombre de “la mamá de Maya”, soy muy mala con los nombres asiáticos, sobretodo los musulmanes que suelen ser árabes, así que pido disculpas por estarla nombrando como “la mamá de…”. De todas maneras esa es la cuestión… Ellos tienen un restaurante familiar en el que trabajan tres generaciones, los hombres se encargan de pescar en el día y hacer la barbacoa en la noche y las mujeres cocinan todo el día y cuidan a los niños (habían dos más a parte de Maya). Todos los días. Se levantan, cocinan, pescan, cambian pañales, lavan platos, hacen barbacoa, duermen. Todo así. Y no hay elección. Los tres niños que merodeaban por el lugar pronto van a tener la misma rutina que sus padres. En un lugar que le da la espalda a la playa. Sí, viven en el paraíso. Pero de espalda.

Yo estoy tratando de no mezclar mi cabeza y mis ideales en esta sociedad que nada tiene que ver con lo conocido. Está bueno como ejercicio para romper lo que viene conmigo. De última las ideas no son más que eso. Ideas. No existen. Estoy empezando a confirmar que solo son construcciones mentales en las que nos sostenemos cuando no nos animamos a mirar del todo. Si algo a nuestro alrededor no “cuadra” con nuestro ideal, brota de adentro la lástima por el otro, las ganas de luchar por el otro, y de transformar el mundo, hacerlo diferente de lo que es. EGO.

Esa posición de querer cambiar el mundo está negando al mundo como es. Hoy siento que no es por ahí. Si miras algo que según tus parámetros no está bien y enseguida te das vuelta para “luchar” no te estas queriendo quedar, y si no te queres quedar ahí es porque probablemente duele. Pero para trascender el dolor hay que transmutarlo, y para transmutarlo hay que mirarlo y animarse a transitarlo. No responsabilizar al otro con tu lástima. Al fin y al cabo, de lo único que te podes hacer cargo es de vos mismo. Sostener una “lucha” honesta empieza mirando-te antes.

Todo esto va a que cuando la mamá de Maya me contó su realidad, tenía que invitarme a mi misma a no juzgarla con mis ideales. Porque lo primero que pensé es “pobre mamá de Maya”, está condenada a ser la mamá de Maya para siempre, o la cocinera del restaurante, o la esposa de su esposo. Nadie nunca le preguntó a ella que era lo que de verdad quería hacer. Eso es muy común en los pueblitos pequeños acá. La sucesión de negocios familiares que no dan lugar a una visión del futuro diferente para los jóvenes.

Lo leo y me sigue rechinando, me sigue enojando que sea así, me enoja que no todos tengamos las mismas oportunidades. Sé que no hay que irse lejos para encontrar este tipo de realidades, que existen también en Uruguay. Pero ahora, la sociedad entera me está interpelando. Y no queda otra que ver.

DIÁLOGO INTERNO:

  • ¿Qué es lo que me duele?
  • Que ellos no puedan elegir un futuro diferente.

 

  • ¿Y por qué te duele a vos?
  • Porque no tener poder de decisión sobre tu futuro es triste.

 

  • ¿Cómo sabes?
  • Porque a mi me pasó o me pasa.

 

Ahhh… Entonces es eso. Eso es lo que me mostró la mamá de Maya. Me espejó la tristeza de no elegir. De sentirme socialmente condenada a ir a la universidad, a conseguir un trabajo, a tener dinero para recién ahí, poder decidir sobre mi futuro. A mi nadie me obligó a ir a la universidad, nadie me obligó a conseguir un trabajo. Yo tuve la gracia de ser libre de elegir, pero detrás de toda esa libertad está el lugar donde nací. Lo que la sociedad espera de mí, lo que la sociedad permite y condena. Y ese chip está en nuestras cabezas. Todo se trata de encajar en una sociedad que cree que la felicidad está atrás de las cosas materiales y el dinero. Y no es que alguien de afuera te obligue, en mi caso, mi familia nunca me obligó a trabajar o a estudiar lo que estudié. Fueron mis decisiones. Pero… ¿fueron mis decisiones? ¿O las decisiones que tome con el filtro en el lente del lugar en el que nací?

En Malasia se espera que a mi edad las mujeres estén casadas y ya tengan algún hijo. En Uruguay se espera que tengas un buen trabajo. Se espera, se espera, se espera, se espera…

Y… ¿en qué lugar cuadra el mirar para adentro y encontrar lo que de verdad viniste a hacer al mundo?  ¿En qué momento de la vida se supone que es tiempo de jugarse por eso que late adentro?  La sociedad entera nos inculca que hay que conseguir la estabilidad. Ese trabajo, casa, o bienes que nos eviten los problemas futuros. Para estar “tranquilos”. Ese es el discurso, estabilidad para tener tranquilidad.

El problema es que atrás de tanta tranquilidad no sucede nada. No sucedemos nosotros. No estoy diciendo que tener un trabajo estable esté mal o bien. No está ni bien ni mal. No es juzgable. Lo que sí es juzgable es la conciencia que estamos poniendo en ese trabajo o en esa rutina. ¿Es algo que estamos eligiendo? o ¿estamos ahí por miedo? ¿Disfrutamos de esa rutina? ¿Somos felices?

Si la respuesta es que es una elección personal que me hace felíz, y responde a una necesidad de mi alma, te felicito, está perfecto! Ahora, si la respuesta es que lo elijo porque me da miedo correrme para hacer otra cosa fuera de este lugar de tranquilidad, ALERTA! Estás eligiendo con el chip fallado que la sociedad nos puso en la cabeza. No con tu alma. Y es difícil ser feliz si no se elige con el alma.

La mamá de Maya masajeaba la nariz de Maya para que sea alargadita y no aplastada. Para que su nariz sea más occidental. Ella me dijo que yo tenía una nariz preciosa (#!@€!). Si ahora fuiste a buscar una foto mía para observar mi nariz te darás cuenta de que no. No tengo una nariz para nada preciosa. Solo tengo una nariz que por su tamaño, jamás podría camuflarse con las asiáticas. Una nariz diferente.

Eso es lo que solemos admirar cuando estamos sumidos en la monotonía. Lo diferente. Pero no necesitamos nada diferente, ya tenemos todo para ser felices, ¿sos conciente de eso? La felicidad es una decisión. PUNTO. No embargues tu felicidad por ganar tranquilidad. Empezá a ser un humano que sucede.

(Todo esto va para mí. Igual me gusta compartirlo. En una de esas, hace algún eco).

Días de diario
Con Gabi, mi amiga inglesa de Perhentian. Síganla en su blog: www.explorewithgabi.com. Tiene fotos increíbles.
Musulmanes que entran a nadar vestidos

2 Replies to “Perhentian island, paraíso y conciencia”

  1. Este año, Emiliana, mi hija mas chica, entrò a F. de Medicina. Quiero creer que eso es un privilegio, podrà adquirir, tal vez, conocimientos, eso la harà, tal vez, mas sabia, y tendrà entonces mas poder,tal vez, para ser mas libre. Pero supongo que todo esto no necesariamente la harà feliz, Garcia Marquez decìa que habìa sido feliz, cuando era indocumentado y Camus, creo que en el discurso al recibir el Novel, recordò que nunca fue tan feliz, como cuando era un niño pobre corriendo por las playas de Argelia. ¿ Es la felicidad propia de inocentes, idiotas e inmorales? Un abrazo.

  2. Ay Flo… te leo y me leo.
    La Libertad duele. La libertad exige. La libertad ¿cura?
    Hay que tener ovarios para ser libre en esta sociedad, mejor, en este mundo.
    Duele porque el alrededor te condena y juzga. Exige porque hay que ser muy determinado y seguro de sí mismo y del camino e ir por él! Me pregunto si cura, yo creo que sí, que te hace más liviano en cuerpo y alma y eso alivia; pero a la vez, no te hacen daño los “ecos de la libertad” en tu ser? Yo creo que no, ahora que reflexiono para escribirte y contigo, porque creo que ser libre y tener las agallas para serlo, te crea un aura indestructible en la que ninguna mala vibra puede entrar.
    Que el Mar de Andaman o el Golfo de Tailandia te bañen de paz y coraje.

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